Nueva Zelanda, una aventura inolvidable (2023)

A mediados de 2022 me otorgaron una Working Holiday Visa para Nueva Zelanda. Conocer la Tierra Media era una de mis grandes ilusiones, aunque suponía tratar de hacer un paréntesis, dejar muchas cosas atrás durante una temporada e ir hacia lo imprevisto. Bueno, ¡sonaba como una aventura!

Primera parada, el país del sol naciente

La primera parte del viaje consistió en ir una semana a visitar Tokio, donde vive desde hace unos años mi amigo Fernando. En esos días pude conocer en primera persona una cultura tan fascinante como desconcertante, explorando rincones emblemáticos de la ciudad del futuro y perdiéndome por sus transitadas calles.

Auckland y la vida de granja

Desde Tokio cogí un avión a Nueva Caledonia, y después de una noche bastante interesante a la intemperie, con humedad y mosquitos por doquier, otro avión de Aircalin me llevó a Auckland, la ciudad más grande –que no capital– de Nueva Zelanda, en la Isla Norte.

Después de asentarme en este nuevo país, literalmente en las antípodas del mío, la siguiente parada fue el pueblo de Pukekohe, un poco al sur de Auckland. Ahí pudo cumplir uno de los objetivos que tenía para este viaje: trabajar en el campo. Lo hice en unos invernaderos de… ¡pepinos! Estuve dos semanas viviendo esta experiencia, un poco dura a nivel físico, pero de la que aprendí muchas cosas. Entre otras, que preferiría no tener que verme de nuevo en un trabajo así.

En Pukekohe y en otros pueblos cercanos viví otra experiencia que tenía ganas de conocer: la vida de granja. Casas lejos del ruido de la civilización, aire puro, cielo despejado en el que ver las estrellas, animales. Se aprende a mirar el mundo con otros ojos, a relativizar ciertas comodidades y supuestos privilegios de las grandes ciudades. Se puede ser feliz en la calma y la soledad.

El Dragón Verde, la icónica taberna de Hobbiton

Este viaje se caracterizó por estar muy abierto a la improvisación o, como me gusta pensarlo a mí, a la Providencia. Eso implicaba que yo iba sin grandes planes ni objetivos, pero había uno que sí se posicionaba como la mayor de mis ilusiones: trabajar en Hobbiton Movie Set.

Después de varios intentos (mandar currículum, incluso llamar a la recruiter), conseguí mi ansiado sueño. Pasé un mes como camarero en el set de Hobbiton, el único que mantiene la misma apariencia que en las películas de El Hobbit y El Señor de los Anillos. Sé que nunca voy a volver a trabajar en una «oficina» similar. Puedo decir que esta experiencia fue un regalo, viví momentos muy entrañables con mis compañeros y con los miles de visitantes de todo el mundo –muchos españoles– que se acercaban a diario para contagiarse de la magia de la Comarca.

Paralelamente, aprovechaba los días libres para conocer otros lugares increíbles que estaban relativamente cerca de Matamata. Destacaría Rotorua, con su peculiar olor a azufre debido a la actividad geotérmica, el pueblo de Taupo y, muy especialmente, la ruta volcánica Tongariro Crossing, donde se ambientó el Monte del Destino.

Wellington y la Isla del Sur: la auténtica Tierra Media

La fecha prevista para el retorno a casa era a principios de mayo. El tiempo empezaba a jugar en contra, de modo que me dirigí a Wellington, la capital, donde pude empaparme de cultura neozelandesa en el famoso Tepapa Museum, y seguir indagando en la Tierra Media gracias al famosísimo e imperdible Weta Workshop, y a algunas localizaciones que había en el Mount Victoria, aunque destacaría, sobre todo, mi visita improvisada e inesperada a The One Room Fan Museum, iniciativa de una auténtica fan de las películas de Peter Jackson. Nunca había visto tanta pasión desinteresada por una obra de ficción. Fue algo mágico.

De la Isla del Sur, destacaría los colores otoñales de Glenorchy (Isengard), Arrowtown y la plácida Wanaka. Cerca de Queenstown pude visitar varias localizaciones de la trilogía, ubicadas dentro de una finca privada llena de animales, además de los imperdibles Milford Sounds.

Aunque sin duda, para mí, la joya de la corona fue la zona del Mount Cook, especialmente la ruta del Mueller Hut Track, una excursión de un día bastante dura pero que me regaló unas vistas como no las había vivido jamás.

Aprovecho para comentar que tengo en mente publicar un libro contando toda la experiencia, que realmente fue una aventura llena de imprevistos y de momentos únicos. ¡Os iré contando!

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